24 años de mi vida buscando y encontrando experiencias "reales". Toda una apasionada. Romántica, si quieres.
Pero siempre llego a un punto en el que creo que Dios me pone en situaciones en las que digo: ¿en serio?... Incluso en este viaje. Las puertas se abrían, estaba cantado, era inminente.
Por razones que nunca faltan, para algunos resulta difícil entender que una peruana (Cañetana, encima) quiera ayudar a un país pobre de Africa...
Al de la embajada de España esto no le terminó de cuadrar y decidió negarme la estadía en su país por 5 días. En fin.
El día previo al viaje.
Renegando como vieja. El cajero automático se comió mi tarjeta de crédito. Me la devolvían en 3 días por ser "emergencia", no les quedó claro que viajaba al poto del mundo al día siguiente y por 10 meses!!! (me volví a ofuscar de recordar que fue culpa de la incompetente señorita de la banca telefónica de ese banco) volviendo al tema.
El viaje.
Absolutamente, cada miembro de la aerolínea que me traía en mi primera (de 5) escala, se tuvo que asegurar de lo que esta, para ellos, sinsentido peruana trataba de hacer. ¿A Kenia? Me miraban todos consternados. Llamadas a supervisores, migraciones y demás. ¿Tan malo era el tema?
El vuelo salía a las 12:20am y yo a las 11:55pm seguía parada en el counter tratando de hacerles entender que las 5 conexiones me llevaban a donde quería llegar, sí, a Kenia.
Para colmo mi compañía de viajes me jugó una mala pasada no cambiando la fecha del vuelo Madrid - Nairobi (que inicialmente era de 5 días en Madrid) por la escala técnica de 8 horas que haría en el bendito aeropuerto de Barajas. Y claro, yo no podía montarme en el avión por no tener visa Schengen (requisito en una de mis escalas) . Llamaron hasta Kenia para cerciorarse que yo no necesitaba visa para entrar a su país.
25 minutos para que el avión despegue.
Llamé a mi todopoderosa gringa que en cuestión de 5 minutos puso a la compañía de viajes en su sitio. Me llamaron al celular, me dieron el número de vuelo que confirmaba que yo viajaba el mismo día que aterrizaba en Madrid y no 5 días después. Las señoritas del counter, que ya simpatizaban conmigo, una corría desde el otro extremo del aeropuerto con los pulgares arriba dándole el ok a su supervisora, mientras que la otra mandaba mi maleta a ser embarcada. Boarding pass en mano, comencé a correr. Con 20 minutos pensé que mis 5 conexiones y yo no iríamos a otro sitio que a mi casa en Lima y a dormir. Y sin embargo, no entraba en pánico. Creo que estaba convencida que mi viaje tenía que ser una aventura de principio a fin.
La breve despedida.
El reloj avanzaba como un loco. Mi familia y amigos que llevaban 2 horas rezando fuera de la zona de check in comenzó a correr conmigo hasta la puerta del control de seguridad donde solo me quedaba colgarme de sus cuellos por unos segundos. No hubo tiempo para la pena. Tenia menos de 20 minutos para pasar por el control de seguridad y migraciones. La adrenalina fluía a mil. Recuerdo parar un segundo y verlos a todos por última vez, ojos rojos y buenos deseos. Hakuna Matata! Y me fui.
Corre Manny, corre.
Mi teléfono vibraba mientras yo trataba de llenar la hoja de migraciones. Todos querían asegurarse que hubiera llegado a mi gate, pero yo seguía aún corriendo.
Llegué con el corazón en la boca y la lengua afuera. ¡Pero llegué! Las chicas del counter eran las que embarcaban a los pasajeros. Y todas sonreían y me deseaban aliviadas ahora, un muy buen viaje.
Pero esta aventura recién comienza. Estoy en el aeropuerto de Madrid, mi reloj biológico sabe que son las 5am pero aquí son como las 12 del día (siguiente). Ya comencé a sentirme medio idiota y bastante jet laggeada.
Todavía me faltan 3 aviones más. Vamo' Perú!
Waka waka.
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